Viejo amigo. (II)

La oscuridad se apoderaba de la sala, nada se podía ver. Sin poder moverse de nuevo pensaba, pensaba en el terror y en los monstruos que se esconden debajo de las camas. Temblaba de imaginar en qué podía haber en la oscuridad, no olvidaba a la muchacha ¿Por qué se fue? ¿Qué hizo?

El estremecer que siente el cuerpo al oír un leve susurro en la oscuridad, susurros de los muertos que no quisieron morir, susurros de tus miedos más profundos, susurros que siempre salen de tu cabeza. La oscuridad nos vuelve locos, vuelve loco hasta al más cuerdo y en realidad la oscuridad no tiene nada que ver con esa locura, tú mismo te vuelves loco.

Empezó a sonar un goteo y en cada goteo un frío recorría su espalda, una gota detrás de otra, sin parar, sin perder el compás. Pensaba en Lovecraft y Poe, pensaba en sus historias aterradoras y sus monstruos primigenios y cada letra que salía de su mente hacía que la sala mohosa pareciera aún más terrible, pero ¿Acaso seguía en la sala?

Al fondo se encendió una cerilla y la cerilla iluminó un rostro, un rostro indescriptible, cada segundo que pasaba el rostro cambiaba. Fumando un cigarro se acercó la figura, con andares tristes, tembloroso en cada paso y a cada calada se le iluminaba el rostro y a cada calada era un rostro distinto.

Sólo se veía un punto anaranjado que se hacía cada vez más grande y más grande.

Sin darse cuenta ya estaba a su lado, ya estaba mirándole con desprecio, soltando el humo de su boca, observando minuciosamente cada centímetro de él. Se quedó mirándole fijamente, erguido, dando una calada a su cigarro de vez en cuando. No había palabras entre los dos, sólo una mirada de terror y otra de desaprobación. El silencio se enturbiaba con las gotas de agua que caían a ninguna parte, que se perdían en el vacío de la oscuridad. Intentó hablar y las palabras le volvieron a la boca, se atragantó, era imposible hablar con la figura, no quería ser hablado, no quería una sola palabra, sólo las gotas.

Movió un dedo y de la oscuridad aparecieron cadáveres, pesadillas y seres mitológicos. Vio como se acercaban, como las brujas se reían entre dientes, como los orcos preparaban un banquete, como los onis preparaban sus mazas.

Y de entre la muchedumbre apareció su amada y pasó justo al lado de la figura cambiante, se acercó poco más y le susurró:

Te odio.

Él calló de rodillas y cerró los ojos, no podía gritar, no podía llorar.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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