Tú, yo y mil árboles. (III)

Do, do, mi, sol, sol, a piano sin piano. Abrir los ojos en un mar de dudas, sentir la suave brisa del verano acariciar tu rostro. Do, do, mi, sol, sol, a guitarra sin guitarra. Abrir los ojos bajo un árbol y sentirse en paz. Do, do, mi, sol, sol, a violín sin violín. Cerrar los ojos y olvidarse de todo.

A veces la locura es la mejor escapatoria, a veces convertir la tristeza en mundos imaginarios es la puerta para huir de todos los males. Quizás sólo esté encerrado en mi mundo, quizás Hades aún no esté interesado en tu alma. La calma, las hojas, el viento, los pájaros, el sol, las nubes, las hormigas, tú y tú. No quieres recordarla pero no puedo pensar en otra cosa, se fue, asúmelo. Do, do, mi, sol, sol, a trombón sin trombón.

Llámale chalado al saltar de tu tejado, recuérdale que no puede volar, hazle pensar otra vez en que no vale nada. Repítele las cinco notas de tu canción inacabada, susúrraselas al oído, como siempre hacías. Levántale de su sueño eterno con un beso, hazle ver que no hay sol, que no hay arboles, que no hay pájaros, que no hay amor.

Sigue en esta sala, no se ha movido, ni siquiera cree poder hacerlo. Hazle el favor de huir y salvarte de él, pinta una cara triste en un papel para que recuerde como se tiene que sentir, que siempre se le olvida.

¿Quien era esa muchacha? ¿Quien era esa oscuridad? ¿Por qué le odia?

Mira al techo y ve nubes, ve el sol, ve pájaros pero es moho. Do, do, mi, sol, sol, a saxofón sin saxofón. Es lo único que le queda, cinco notas que son tres y mientras sigue tirado en el suelo de esta mugrienta sala, sin escapatoria, sin ganas de huir. Piensa en los dioses de la muerte: Ah Puch, Dukúr Bulu, los Shinigamis, Februus, Alaksmí, Maman Brigitte, … ¿Vendrán a por él?

Tal vez venga un ángel a recogerle y le lleve al cielo, tal vez le lleve al infierno. Do, do, mi, sol, sol, a lira sin lira.

No es real, lo sé, pero me quedo en este bosque a dormir.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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