Sálvame, por favor, déjame huir. (V)

Y la sala seguía llenándose, el agua ocupaba su espacio con un paso firme, fusa tras fusa. Teñida de rojo a su alrededor, disfrazada de salida, disfrazada de esperanza. Lágrimas imbuidas de melancolía, lágrimas por la amada que ahora le odia, por la amada que decidió abandonarle, lágrimas por no poder ir a por ella.

La sala era su ataúd, su tumba, su extremaunción. Una pesadilla demasiado real, infierno en sueños, recuerdo onírico del que no se puede huir.

Cuéntame joven mortal que haces aquí, nárrame tus sueños rotos, tus esperanzas quebradas. Dime a mi todo lo que pensabas hacer, lo que podrías haber hecho, dime cuanto la querías. ¡La perdiste! ¡Huyó! Siento todo tu dolor, siento tu terror, siento una pequeña semilla de esperanza alojada en tu corazón. Quieres huir, quieres respuestas, quieres saber de su odio y de la muchacha con la que bailaste. Quieres demasiado.

Voces hablaban solas en su cabeza, no había nadie, pero se les sentía. Sentía que le miraban y que le guiaban, le guiaban hasta el mismo punto donde empezó. El agua le rozaba la cintura y parecía que con cada carcajada crecía más rápido, parecía que con cada frase quebrada aceleraba la subida.

No la temas, ella te trajo aquí, ella te quiere a su lado. Quiere vivir como un mortal, quiere disfrutar de lo que se le prohibe. Quiere besar labios vivos y olvidarse de sus tareas. Acéptala, bésala. Vete con ella.

El agua no paraba, ya alcanzaba su pecho. Ya dejó de hacer fuerza, dejó de intentar agarrarse y se dejó llevar. Tumbado sobre el agua, olvidando la esperanza intentada, olvidando la posibilidad de vivir. Las voces seguían hablando, riendo, celebrando. Intentaba evitarlas pero con cada intento sonaban más altas, se agarraban más a sus tímpanos.

Tarareó una canción, la canción nunca completada. Do, do, mi, sol, sol. Cinco notas que son tres. Tarareaba y pensaba, pensaba y tarareaba y el techo se acercaba. Las voces le hacían los coros, alegres de su fin, gozosos de su juicio.

Do. Do. Mi. Sol. Sol.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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