Las cosas han cambiado.

Hablemos de como nos cambió el paso del reloj, tranquilos, en la terraza de una cafetería extraña. Intento decirte lo que hace años debí decirte, lo que nuestras miradas se decían con cada roce pero de nuestras bocas no salía y sigue sin salir. Solos, hablando de como me eché a perder, de como esa droga me dejó en la estacada, de que ya no soy yo.

Vuelve el amor por ti, por tu dulce manera de ser, por tu forma de guiarme por el mundo. Guiar a una mentira hacia una realidad, esbozar sosegados nuestras historias en un papel azul.

Ya no eres el que eras. -Me dices con cara triste.

No, ya no soy el que era. -Respondo por responder.

Las malas lenguas me dicen en susurros que escribiste mi nombre con un rotulador indeleble y que llevas unos años intentándolo borrar, haciendo desaparecer esas letras que sonaban a mi. Dicen las malas lenguas que yo arranco pedazos de mi corazón cada vez que amo a alguien y los quemo, para no volver a sentirlo jamas. Lo peor es que eso es cierto, quemé una lágrima de mi corazón en la escribí tu nombre a cuchillo.

¿Quien soy yo ahora? ¿Una persona sin corazón? ¿Romántico sin remedio?

Y es que me enamoro con una canción, con una sonrisa, con un rayo del sol, con unas palabras mal interpretadas, con una mínima posibilidad. ¿Te volverías a enamorar de mi? ¿Volverías a escribir en negro mi nombre sobre tu rojo corazón? ¿Me dejarías disfrutar de tu presencia una vez más? Si quieres el último pedazo que me queda de mi ya muerto corazón es tuyo, es un regalo, un obsequio, tal vez algo que ya no quiero.

Espero que quieras guardarlo en un lugar cálido y que alguna tarde lluviosa, en la que te aburras mirando como la naturaleza llora mi existencia por la ventana empañada, te decidas a darle vida de nuevo y hacerle creer en que hay alguna mínima razón para vivir en este mundo gris.

Un sorbo, el meñique alzado, un gesto de desagrado y tu sonrisa mirándome fijamente.

Quizás quede un poco de lo que eras. -Dices mirando a otra parte.

Eso yo ya no puedo descubrirlo. – Respondo mirando mi reflejo en el té.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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