París.

18 de Julio de 1999.

Madrid, España.

¿Así que has comenzado el viaje?

Me ha llegado tu primera postal. París… París… Al final te decidiste por París. Eres un romántico, no te has podido resistir y has tenido que acabar en la ciudad del río Sena.

Te imagino tarareando esa canción de Édith Piaf de la que nunca te acuerdas del nombre sentando en algún pintoresco café, leyendo algo de Julio Verne o de Alexandre Dumas solo por hacerte el interesante; siempre fuiste igual, siempre atrajiste así a la gente, con tu falsa cultura encantadora.

Le Pont Alexandre III y el gran palacio de fondo. Al menos no es la torre Eiffel, lo intentaste, intentaste ser original. No se nada de París, tantos años estudiando francés para que seas tú el primero que pisa la capital de Francia.

¿Como hablas con la gente? ¿Como te relacionas? Hasta donde yo sé solo sabias balbucear el estribillo de La vie en rose. Se me escapa la risa tonta al imaginarte hablar francés, menudo capullo.

Te imagino andando por ahí perdido, diciendo oui a todo.

Sé que eres el turista más raro de la historia, no harás fotos, no entraras a ningún lugar importante, solo te fumarás un cigarrillo enfrente y en alguna de tus caladas soltaras tu clásico: Está bonito.

Sabes que te odio ¿Verdad?

Tendré que comprar chinchetas para clavar tu estúpida postal en el tablón, recuérdamelo. Tu estúpida postal vacía, podías haberte esmerado un poco y haber escrito algo, no se, un simple “está bonito” hubiera bastado. Está bonito…

¿Has leído Los Miserables? Que pregunta ¿Al menos has visto la película del año pasado? Sale la que hace de Mia Wallace en Pulp Fiction. Deberías echarle un ojo ya que estás en París.

Mírame, escribiéndote una carta como si pudiera enviártela, que idiota. Te has ido sin avisarme, me has dejado aquí y me envías una estúpida postal vacía. Más te vale volver a Madrid para que te deje la mano marcada en la cara y si me pillas de buenas te dejaré que me cuentes como es París.

Hazme un favor y muérete.

Fdo: El odio hecho persona.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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