Te vas.

Desperté de un sueño profundo, empapado en sudor, con lagrimas en los ojos, como si supiera lo que había pasado. Mal estar en el cuerpo y recuerdos borrosos de un sueño horrible.

Me despejé y lo vi… Vi que en el colchón había más espacio del normal, que estaba solo en una cama que se me hacia enorme. Te llame, no respondías. Te llame más alto, no respondías. Me levante nervioso y fui a buscarte, no respondías. Lloré tu nombre y no respondías. Continúa leyendo Te vas.

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Dame cinco segundos…

No me pares si voy muy rápido porque hoy quiero sentir la velocidad, hoy quiero volver a ver esos ojos verdes que miré un día, quiero volver a sentir esos labios cálidos que besé un día, quiero volver a acariciar ese rostro pálido que rocé un día… Continúa leyendo Dame cinco segundos…

Me voy.

Recuerdo perfectamente el día en que nuestras almas dejaron de bailar en sintonía. Sabia, más que de sobra, que nuestra historia se había acabado. Yo era un joven con problemas, que a penas sabia qué hacer con su vida. Tú eras una chica que tenia todo su camino escrito en un papel, que sabia todo lo que iba a hacer. Continúa leyendo Me voy.

En busca de un pedacito de cielo.

Todo empieza con una lágrima, ese es el comienzo de todo, una simple gota de agua salada que sale de nuestros lacrimales. Es la causa de tantas locuras, de tantos sin sentidos. Es a veces la causa del final de una vida, de, a veces, el empujón a ningún lado. Continúa leyendo En busca de un pedacito de cielo.

Tiempo.

Fue en 1982, un año que empezó en viernes, cuando un señor norteamericano planteó una enfermedad mental nueva, una enfermedad del tiempo. Lo que destaca de este enfermedad es la obsesión del individuo por vivir todo de manera acelerada excusándose en que “no hay tiempo”. Como el conejo blanco que vio Alicia al entrar en su país de las maravillas, estas personas toman su conducta del miedo a llegar tarde a todo acontecimiento que ellos creen que deben conseguir. Continúa leyendo Tiempo.

Te has ido sin tomar un café.

Os citasteis en esa cafetería de la esquina en la que casi todas las tardes tomabais un café o un té, llegaste media hora antes para recordar algún tiempo bueno del pasado. Pediste un té negro con piña colada, sacaste ese libro de Aldous Huxley que tanto te gustaba y te pusiste a leer, esperando a que el tiempo diera un salto y llegara la hora. Continúa leyendo Te has ido sin tomar un café.