Como Ícaro.

Llevo meses intentándolo, llevo meses detrás de poder escapar, huir con los pájaros que bailan con las nubes. En mi empeño de ser Dédalo imaginé alas de ángel, emplumadas, dispuestas a llegar a lo más alto del mundo. Alas creadas a base de basura y bolsas de plástico, unidas con alambre de espino y pegamentos caseros. Llevo meses intentando flotar al son de las gaviotas que se perdieron en su regreso al mar, llevo meses encerrado en un cuarto sin ventanas.

A mi nadie me advirtió que rozar el Sol me quemaría los dedos, a mi nadie me advirtió que la espuma del mar me desharía en pedazos. Nadie me contó el peligro de imaginar el vuelo de un halcón en mi espalda, el peligro de lanzarse a intentar volar.

Yo lo hice, yo volé, crucé un mar gris de asfalto plagado de devoradores de metal, vi hormigas en ciudades de juguete a punto de hundirse en la historia, me colé en las nubes de tormenta y robé rayos a Zeus sin que nadie me viera.

Vi islas inventadas; Samaos, Delos y Lebintos. Hice del viento mi compañero y charlé con cuervos que hablaban de todo menos de Dios.

Yo lo logré, yo salté y volé.

Perdí el compás del tiempo en alguna esquina fétida del barrio en el que crecí, lo perdí y el tiempo me perdió a mi. Pero me daba igual, yo podía volar, yo, al igual que los hermanos Wright desafié al mundo y le vencí, gané a lo invencible.

Buscaba otro reto más, buscaba superar todo lo impensable, buscaba lo que nadie se paró a buscar y decidí tocar el Sol, confiado en que podría hacerlo, que nadie podría decirme lo contrario. Me elevé como nunca antes me había elevado, me elevé hasta dejar las nubes atrás, hasta dejar a Venus atrás, hasta mirar atrás y ver a Mercurio.

Los ojos me ardían, perdí la vista en el intento pero no cedí y al final, casi a punto de rozar el naranja intenso me caí. Me caí de nuevo a la tierra, sin alas, ciego, quemado. Rocé a Mercurio con la palma de la mano, sentí a Venus volver veloz a su posición, sentí la despedida de las nubes. Encendido como un fósforo a punto de desintegrarse caí a lo más profundo del mar, vencido por el Sol, ahogándome por las alas que mal diseñé.

Milímetros me faltaron para poder saludar al Sol.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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