Caída profunda a la miseria.

Qué fatídica fue la dama blanca contigo dulce ninfa, qué destructiva fue en tu castigo, qué silencio más sonoro se oyó en tu declive. Una sala marrón casi teñida por la humedad, una silla y un espejo… Nada más. Fue un castigo divino terminar ahí, terminar atrapada en una pesadilla tan real que las ilusiones se hacen palpables a tu alrededor y es que ella decidió que si tanto alardeabas de tu belleza sufrirías por ella, por decir que eras más delicada que cualquier mujer, ninfa o criatura, que la dama blanca se arrodillaría ante tu lustre. Pecaste de soberbia y tu destino fue olvidar tu belleza y al intentar recordarla y mirarte al espejo ver tu rostro desfigurado, destrozado por cuernos, escamas y monstruosidades que hacen que te rechaces a ti misma cada minuto de tu eternidad.

Se oyen tus gritos por los nimbos, tales gritos que hacen estremecerse al propio Belzebú, que nada crece alrededor por temor a tu plañido, a tu desesperación, a tu muerte en vida. Y aún no asumes que a cada llanto, súplica y lamento tu belleza se marchita y tu dolor se agrava. Maldice tu castigo, sufre por lo que fuiste y tal vez en eones seas perdonada, tal vez ella decida liberarte, pero tu esperanza debe ser mínima, debes perderla para resurgir como un fénix.

Y créeme ninfa, créeme cuando te digo que la dama blanca no es piadosa, que servidor lleva años bailando la misma canción en una sala vacía, haciendo sufrir a la dulce amada y ahogándose con cada nota desafinada. Pero con tus gritos sólo quiero atravesar la pared, romper tu espejo maldito y abrazarte, perdonarte para suplicar mil años más de mi castigo y acabar con el tuyo, que yo siempre estaré maldito, que sé que ella me odiará hasta que el sol y la luna dancen juntos bajo el mar, hasta que las estrellas salgan disparadas hacia ningún lugar. Yo soy lo que ella más odia, yo soy un perdón y un cálido abrazo, soy la esperanza del día siguiente y la lágrima de felicidad. El día que destruya tu celda, el día que tus ojos vuelvan a iluminarse con el brillo propio de la vida mírame a la cara, mírame a la cara y sabrás que con la muerte nunca se juega…

…O acabarás como yo: Siendo un sueño.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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