Negro.

Abrir los ojos con el amanecer y no saber como se ha llegado ahí, pero se llegó, lo mejor es no darle vueltas, poner los pies en contacto con la arena y el alma en sintonía.

Un dolor en la cabeza, un pinchazo perpetuo que elimina todo recuerdo. Seguir buscando la memoria perdida en una caja de agujas y alfileres, para sentir dolor al menos. La cabeza que da vueltas intenta recrear una experiencia ficticia, sacada de una película, de una libro de Bécquer o de una canción sin más.

Busco pero no encuentro la forma de recordar un murmullo de las olas ya rotas, quiero encontrar una posibilidad en un segundo para conseguir disfrutar de algo bonito, de algo apreciable. Me agarro a un precipicio sólo por la necesidad de apagar esta jaqueca que quiere advertir del olvido inesperado.

El calor del sol empieza a golpear mientras miro un oscuro inmenso en una mirada que no era la mía… Una mirada. Una mirada intensa, un brazo sosteniendo algo. Es un comienzo para recordar un recuerdo, un recuerdo obscenamente bonito.

En los amaneceres el gran faro no gira, se queda callado esperando su turno para hablar, su turno de murmurar palabras iluminadas y contorneadas en el lienzo que le presta el cielo para explicar su versión de los hechos.

Mis párpados siguen cansados y no consigo enfocar ni el pasado, ni el presente, ni el futuro. De una cabezada se hace de noche y empiezo a apreciar en el horizonte una respuesta inversa, un brillo revelador que me recuerda una pamela, una sonrisa, unos poemas borrados por las olas, un amor, una mirada, tu mirada.

Ahora sólo tengo que encontrarla, en callejuelas y paseos, en bares y café, en playas y espigones.

Si te busco sé que te encontraré, si miro bien recogeré tu pamela, miraré embobado a tu sonrisa y dejaré de nuevo pasar el tiempo.

Pero ahora he recordado aquello que quería recordar.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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