Invierno.

Miro por la ventana y veo como la lluvia cae, un clima demasiado cálido como para que nieve pero no lo suficiente como para que deje de llover en algún momento. Miro a la lluvia caer y pienso en todos los besos apasionados dignos de comedia romántica que se suceden gota tras gota. Yo sigo aquí, delirando a causa de una droga imaginaria que me llena y al mismo tiempo me vacía. Sigo pensando en una metáfora sobre la vida, una frase absurda que intente reflejar el espectro de emociones que, bueno, consideramos vida.

Miro apoyado en una ventana, dejando entrar el viento y la lluvia, calando mi ropa. Pienso en algunas tonterías y en como un año empieza y acaba en el mismo lugar, en el mismo instante, en el mismo beso inventado para dar envidia.

Hoy no pasa nadie por la calle, no se atreven a buscar la felicidad en las gotas de lluvia que caen en la cabeza, en la cara, en los hombros, en los paraguas, en el sonido que se produce al impactar el agua. Yo sigo mojado, pensando en algún bonito poema destinado a la vida.

No para de llover y no consigo centrarme en algo, no puedo ni recordar algo bonito, algo relacionado con un fotograma de una película de estas que te hacen llorar de alegría, algo envuelto en inocencia de cuando corríamos entre los arboles del parque y creíamos volar en un columpio ¿Donde ha quedado todo eso? ¿Puedes encontrar la manera de volver a ver el mundo con esos ojos? Yo no.

Sigo mirando al suelo mojado y a las corriente de agua guiadas por surcos casi imperceptibles que se forman por el tiempo, como nuestras arrugas, nuestras canas, nuestra piel de naranja o alguna de esas cosas que denotan edad en los anuncios de televisión.

Eres como la última gota que se escapa de una nube y ve como, durante milésimas, es la única de su especie. Se acaba uniendo a las demás y olvida todo lo que hay detrás, olvidas eso y aquello, olvidas que una vez te compuse una canción de folk con toques de rock.

Yo, por más que lo intento, no puedo olvidar.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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