Otoño.

Llega el momento de mirar las estrellas e intentar que el año siga su curso, que se acabe la pena encerrada en mi alma pintada para parecer feliz. Intento despejarme y sentir una brisa marina en mis sábanas, intento dejar de ser un maldito cobarde y volver a enfrentarme a todo lo que se me plante, volver a enfrentarme a tu mirada verde y a tu melena oscura, volver a vivir sin apoyarse cada cinco pensamientos y dos versos de amor.

Hielos en la copa que se derriten en minutos, ahogar las penas o ahogarse a uno mismo, evitar el enfrentamiento directo con esa realidad que saca los dientes cuando la miras, huir a esconderse bajo el velo de protección que me regala la cama y esperar a que tú y tus besos os vayáis lo más lejos posible. Quiero poder vivir despegado de la maldita melancolía que me recorre el cuerpo cuando recuerdo el timbre de su voz, poder ser libre unos minutos.

Esos acordes que encontré olvidados en la cuneta me han servido para sentirme mejor, para poder al menos mirar al sol directamente y no arder al instante. Voy a intentar escribir todo lo que pienso en una piedra y voy a lanzarla al río lo más fuerte que pueda con la esperanza de que llegue al mar o se convierta en la arena que un día pise alguien.

Pasa una chica con la camiseta del arco-iris, llevó sus colores a otra prenda y ya no se preocupa por su pelo rizado, más corto que hace unos meses. Sus hombros despejados y los ojos tapados por unos cristales tintados de añoranzas y jolgorios. Habla por el teléfono alegremente y se pierde su risa al girar la esquina. ¿Qué hace una chica tan mona a estas horas de la madrugada?

En estas sólo hay locos y sonámbulos, en estas sólo queda algún artista atrapado por las musas al que le es imposible cerrar los ojos y da pinceladas al lienzo o al papel o al pentagrama.

El hielo ya se ha fusionado con el whisky y el vaso aún está lleno.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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