Conversación viendo la curvatura de la Tierra.

Tú y yo, vino y unas velas, la luna sonrosada por el sol. Tú y yo, una mirada y una sonrisa. Una página inacabada basada en el reflejo de la curvatura de la tierra en tus ojos, que me hunde, que me enamora. Y la carta de suicidio sigue en mi mesilla, intentando ser encontrada, mostrada ante tus lágrimas.

Tú y yo, encontrados en la espesura del medio día, ensimismados por las estrellas que aún duran, por las que aún se empeñan en alegrar los coloretes de tus mejillas. Una cena romántica en un lugar imposible, de los que a mi me gustan y los que tú admiras.

¿Como alcanzas estos lugares? -Me dices comiendo un pedazo.

Me rozas la mano insinuándote, hablándome de Saturno y de un planeta que dejó de serlo pero tú no lo olvidaste, como no olvidabas al escritor que falló al serlo. No me olvides nunca o desapareceré, me esfumaré con esa última brisa del verano cuando ya es otoño, desaparecido en consecuencia del olvido. Un dolor puntiagudo en el pecho que nunca marque mi final.

Sólo quedas tú, solo soy un pequeño recuerdo en tus neuronas.

Alto, más alto en el futuro, gritas tu nombre a las estrellas que aún bostezan y ellas te responden:

No te olvidaremos.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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