Las cosas que dice mi ordenador.

Me he comprado una nave espacial para surcar el más allá y encontrar un conjunto de estrellas digno de tu sonrisa. He viajado al final del sistema solar y me he ido del cúmulo local. Me entristece decir adiós y no encontrarle solución a todas la preguntas que dejo atrás. Mi ordenador contiene la razón que me falta cuando surco el mar de estrellas, de planetas y asteroides. Mi ordenador me dice de parar a repostar en la gasolinera inventada por algún ser de ciencia ficción. De esas películas que tú odiabas, yo amaba y el gato evitaba, tapándose los ojos con su rabo, haciéndose el dormido en las esquinas de mi nave sideral.

He entrevistado a la estrella más antigua del universo y me ha contado sus secretos y al revés, me encontré al revés. Dice que trece millones de años dan para aprender el sentido del sinsentido y de mi gusto por lo oscuro y desagradable. Dice que tus ojos no son de nadie, que tu espíritu es indomable y que las estrella no me pertenecerán como para regalar unas cuantas de ellas.

Me da igual, voy a recolocar el universo a mi antojo para escribir en el cielo nocturno un mensaje del todo absurdo para ti, para cuando duermas mires al cielo y pienses en mi, pienses en mi nave y ese ordenador que me mantiene estable en una sala llena de medicación. Arrastraré sistemas enteros para dejar centrado el mensaje universal, que dictó una nota enviada desde el pasado.

Viajando entre la enana de draco, la gran nube de Magallanes, Andrómeda II y la galaxia del triangulo buscando las estrellas que ese día señalaste tirada en un parque, riéndote de mi nave y de mis estúpidas fantasías.

Y ya no hay más, sólo queda esperar y destapar esos ojos sin dueño y ver tu sonrisa al descubrir tu nombre en el cielo, ver el universo remodelado por un loco esperanzado de poder tocar el suelo algún año.

¿Lo conseguí? El tiempo lo dirá.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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