Falsas promesas escritas en un papel, mentiras creadas para ti, para mi, para nosotros. El título vacío para remarcar la poca importancia de unas palabras que no deberían impregnar el papel, que no deberían ocupar el espacio que podría ocupar una carta de amor, de perdón o de suicidio, pero lo ocupa. Una sarta de mentiras meticulosamente alineadas para parecer arte, para hacer suspirar a alguien. Mentiras de un mentiroso para otro mentiroso.

Surca el papel contando bazofia, intenta que algo tenga sentido para otros que no son él. Escribió en el papel lo que ya no entraba en sus manos, escribió más mentiras que verdades en las yemas de sus dedos, le encantaba mentirse pensando que el Sol giraba para él, que las estrellas tintileaban su nombre, que el universo se movía porque estaba él, que las chicas monas se giraban a su paso, que el amor era sólo para él.

Puro egocentrismo encerrado en una caja de zapatos que habla de él, para él y con él. Si cierra los ojos cree que para el tiempo, si le miran cree que le aman. Y la chica que pinta pasión en un lienzo ya pintado se asoma por la ventana y le sonríe, le saluda y él ya cree que Cupido se ha apoderado de su corazón y se lo va a regalar. No se da cuenta el pobre idiota que es él el enamorado de mil chicas, de mil promesas, de mil sonrisas, de mil palabras bonitas.

Decidido a elegir a una no prepara las palabras, se lanza, se estampa. Vuelve alicaído, descubriendo que por más que se repita esas palabras que tanto le gusta oír no las convierte en verdades, que es él el que regala el corazón, que el universo no gira para él, que no es más que un don nadie rodeado de gente importante.

Termina el papel con su muerte, con una nota a pie de página que recuerde al lector involuntario que se murió al convertir todas sus mentiras en las verdades que nunca quiso afrontar.

Una nota a pie de página que diga…

…Ya sólo quedan sus cenizas.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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