Las canas de mi gato.

Cuando las noches se apagan y la luna mira juguetona a los mortales durmientes es el tiempo de que el viejo gato salga de su morada para contemplar una vez más sus reinos, sus reinos imaginarios, sus bastas llanuras llenas de edificios de los que, aunque él lo crea, no son suyas. Camina por los tejados hablando con los jóvenes que dan sus primeros pasos por la ciudad vacía. Piensa en sus años, en los que le quedan, en que ya se hace viejo, que ya no es el de antes. Piensa en la libertad que quiso tener, en la comodidad de ser prisionero. Continúa leyendo Las canas de mi gato.

Pequeños pedazos del alma.

Mirar la última puesta de sol y ver como la noche se hace eterna, mirar esconderse el sol y ver tus ojos cerrándose. Un duro adiós, una despedida sin palabras y ese último abrazo que debería ser eterno. Deseo besar tus labios una vez más y otra más antes de irme, deseo que me digas que me quieres y sueño con una caricia en tu portal, con miles de besos antes de volver a acercarme y darte uno más. Continúa leyendo Pequeños pedazos del alma.

Noticias de NGC-300.

Desde la lejana estrella en la que me encuentro te envío este mensaje. Siete millones de años luz nos separan y aún así te siento tan cercana, siento que estas a mi lado pese a que ya hace años que no te veo. Era nuestro sueño, huir de la Tierra, pero solo lo realicé yo y me fui exageradamente lejos. Continúa leyendo Noticias de NGC-300.

Larga espera en el metro.

Perdido por los túneles de una ciudad que te lleva al cielo, perdido en los pensamientos de muchos otros yos perdidos por otros túneles de otras ciudades, dando mil vidas en un suspiro dedicado a las musas, relajado por el tiempo que no deja de correr. Continúa leyendo Larga espera en el metro.

Adiós al viento, adiós a las nubes.

Puede que los ritmos lleven el alma al éxtasis de una amargura nefasta demasiado cargada de alcohol, con ciertos amagos de locura autodestructiva. Bailar junto a ti un vals, un tango o lo que quieras, lo que te pida el cuerpo. Continúa leyendo Adiós al viento, adiós a las nubes.

La radio que siempre ponía la misma canción.

En tu cuarto, hablando del tiempo, de ese disco nuevo que tanto estás disfrutando, de un concierto que está por venir. En tu cuarto, parando el tiempo con nuestras palabras, durmiendo al dios del sueño con nuestros tarareos, disfrutando de los segundos restantes. Tu vieja radio con ese sonido que tanto te gusta suena al fondo, repitiendo canciones tristes para intentar llamar nuestra atención. Continúa leyendo La radio que siempre ponía la misma canción.