Pequeños pedazos del alma.

Mirar la última puesta de sol y ver como la noche se hace eterna, mirar esconderse el sol y ver tus ojos cerrándose. Un duro adiós, una despedida sin palabras y ese último abrazo que debería ser eterno. Deseo besar tus labios una vez más y otra más antes de irme, deseo que me digas que me quieres y sueño con una caricia en tu portal, con miles de besos antes de volver a acercarme y darte uno más.

Tengo guardados todos los besos que quise darte antes de desaparecer, los tengo por si algún día te vuelvo a ver y por fin los quieres, por fin los pides. Guardados en mi caja roja de zapatos donde escondo todo lo que soy, todo lo que no quiero olvidar, todo lo que alguna vez no salió mal.

Y vuelvo a ver otra puesta de sol, la última del día, y en la fracción de segundo que dicta mi corazón te beso y lo guardo y lo escondo y me callo y miro hacia otro lado. Aquí no ha pasado nada, una sonrisa enmascarando los deseos e interpretando el papel que me toca, el que yo elegí o tal vez el que me obligaron a ejecutar.

Si quieres rebuscar en mi caja roja, adelante, haz con ella lo que quieras, es mi manera de decirte como soy, de enseñarte un corazón que apenas palpita, un corazón que escondo por si alguien quiere robarlo y ese alguien no eres tú.

Otro día seguido mirando otro atardecer consumado en el cenicero, otro día más que espero a echarle huevos y saltar al escenario a romper el guión establecido por una mente que aún no sabe escribir comedias románticas, de esas en las que al final todo acaba como debe acabar, con un alegre final, con un fundido a negro cuando nos empezamos a besar.

Déjame discutirte la autoría de “Prometeo encadenado”, déjame debatir sobre el sentido de mis alucinaciones mientras tú miras a otro lado, sintiéndote afortunada de que haya vuelto a aparecer de la nada.

Me gustaría disfrutar de un último atardecer a tu vera, rozando tu mano, mirando en tu ojos el reflejo del sol y besarte, por primera vez y regalarte todos los besos que guardé en mi caja roja de zapatos.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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