Las canas de mi gato.

Cuando las noches se apagan y la luna mira juguetona a los mortales durmientes es el tiempo de que el viejo gato salga de su morada para contemplar una vez más sus reinos, sus reinos imaginarios, sus bastas llanuras llenas de edificios de los que, aunque él lo crea, no son suyas. Camina por los tejados hablando con los jóvenes que dan sus primeros pasos por la ciudad vacía. Piensa en sus años, en los que le quedan, en que ya se hace viejo, que ya no es el de antes. Piensa en la libertad que quiso tener, en la comodidad de ser prisionero.

Se cree que no le veo, se cree que yo duermo como los demás, se cree que no sé sus secretos al igual que él sabe los míos. Se escuchan sus maullidos disipados en la bruma nocturna, intentando hablar con sus viejos amigos. Muchos ya han muerto, otros ya no salen de sus guaridas, algunos se han quedado sordos.

A veces vuelve abatido de ver que las diosas ya no le responden, de ver que el mundo se pudre y que él ya es anciano para hacer nada. Se pasa las mañanas mirando por la ventana, intentando ver un joven valiente y dispuesto a ser como él quiso ser, busca un discípulo al que enseñarle a evitar todos sus errores. Pero por más que busca ya no encuentra, ve desolación en un mundo que los humanos han perdido, que están destinados al fracaso. Él bien lo sabe.

Se tumba y se relaja, mirando a la nada, esperando una señal. Se tumba y se deja acariciar, buscando algo para perdonar a las personas. Se tumba y duerme, soñando con sus amigos.

Es un gato que ha vivido lo suficiente para saber lo que hacer en cada momento, es un gato que ya no se pierde por los balcones, es un gato lleno de canas que cuentan sus periplos. Es el gato de un artista fracasado que ha soñado con las diosas y ha decidido que, al final, dormirá al lado de su compañero humano.

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Publicado por

vibilefleu

«Confío siempre ganarme la vida con mi arte sin tener que desviarme nunca de mis principios ni el grueso de un cabello, sin traicionar mi conciencia ni un solo instante, sin pintar si quiera lo que pueda abarcarse con una mano solo por darle gusto alguien o por vender con más facilidad.» -Gustave Coubert.

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