Puntos suspensivos.

Pararse un momento a pensar en lo que has hecho en los días de tu vida.

Caer en un silencio absoluto.

Quizás ella tenía razón y aún eras un niño, no querías crecer y buscabas sueños absurdos, querías vivir del aire prácticamente. Eras un globo de helio que subía hacia su inevitable explosión pero su mano te agarró y te puso en el suelo, te sujetó. Te amarró bien fuerte para que no te movieras. Continúa leyendo Puntos suspensivos.

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Te vas.

Desperté de un sueño profundo, empapado en sudor, con lagrimas en los ojos, como si supiera lo que había pasado. Mal estar en el cuerpo y recuerdos borrosos de un sueño horrible.

Me despejé y lo vi… Vi que en el colchón había más espacio del normal, que estaba solo en una cama que se me hacia enorme. Te llame, no respondías. Te llame más alto, no respondías. Me levante nervioso y fui a buscarte, no respondías. Lloré tu nombre y no respondías. Continúa leyendo Te vas.

Me voy.

Recuerdo perfectamente el día en que nuestras almas dejaron de bailar en sintonía. Sabia, más que de sobra, que nuestra historia se había acabado. Yo era un joven con problemas, que a penas sabia qué hacer con su vida. Tú eras una chica que tenia todo su camino escrito en un papel, que sabia todo lo que iba a hacer. Continúa leyendo Me voy.

Tiempo.

Fue en 1982, un año que empezó en viernes, cuando un señor norteamericano planteó una enfermedad mental nueva, una enfermedad del tiempo. Lo que destaca de este enfermedad es la obsesión del individuo por vivir todo de manera acelerada excusándose en que “no hay tiempo”. Como el conejo blanco que vio Alicia al entrar en su país de las maravillas, estas personas toman su conducta del miedo a llegar tarde a todo acontecimiento que ellos creen que deben conseguir. Continúa leyendo Tiempo.