Las canas de mi gato.

Cuando las noches se apagan y la luna mira juguetona a los mortales durmientes es el tiempo de que el viejo gato salga de su morada para contemplar una vez más sus reinos, sus reinos imaginarios, sus bastas llanuras llenas de edificios de los que, aunque él lo crea, no son suyas. Camina por los tejados hablando con los jóvenes que dan sus primeros pasos por la ciudad vacía. Piensa en sus años, en los que le quedan, en que ya se hace viejo, que ya no es el de antes. Piensa en la libertad que quiso tener, en la comodidad de ser prisionero. Continúa leyendo Las canas de mi gato.

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