Matinal.

Se despierta entre gotas rabiosas explotando como obuses contra la acera. Se despierta y se encuentra con un paisaje casi divino, con plata descendiendo y pequeños rayos que se escapan de las nubes, con un viento que mece el pelo y que alegra al tacto. Podrías estar tocando la iluminación en este preciso momento.

Y no hubo más palabras.

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Sempiterno.

He encontrado un lugar en medio de un mar, he encontrado mi rostro retratado en una sátira de un pensamiento que me hace creer que ya no estoy, que sólo soy.

Un viaje de hasta ocho horas sin moverse del sofá y encontrar el hilo que sobresale de una alfombra que no vuela, pero tú te ves desde un yo y yo me veo desde un libro, desde un disco, desde la chusta que cuelga de unos labios del color que son… vaya, los labios. Continúa leyendo Sempiterno.