Ocre.

Olvido se apoderó de todos tus poemas y me siento vacío en mi mecedora con la muerte poniéndome una manta encima. No voy a morir de viejo, voy a morir buscándote, voy a morir en el fondo del mar. Decidido a levantarme y bajar las escaleras, como si tu llamada llegara a mis oídos. Siento la juventud venir de mis pies, noto mi corazón explotar de sentimientos por ti. Sé que puedo encontrarte allá donde te perdiste, donde el viento voló tu pamela. Arranca la juventud, las décadas se han vuelto atrás.

Puedo con todo. Puedo ser libre.

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Desperté muerto.

Me he despertado, sin latidos en mi corazón, sin sangre circulando por mis venas. Me he despertado sin saber muy bien qué hacer, nunca había estado muerto. Miro a la cama y veo mi cuerpo, frío, sin sonrisa en la cara y con la almohada babeada. No sé muy bien qué pensar, quiero decir, estoy muerto… Estoy intentando asimilarlo. Continúa leyendo Desperté muerto.

Te quiero a mi lado. (VII)

Encadenado para no poder huir, asfixiado por el hierro candente que recubre su garganta, los ojos morados de no parar de llorar, pálido como el más gris de los blancos. Prisionero de nuevo en esa sala, más prisionero que nunca, arrodillado por querer huir. Las cadenas son decenas de brazos muertos que agarran el cepo, brazos que llevárselo a lo más profundo quieren, que se pelean por agarrar un pellizco de la madera. Continúa leyendo Te quiero a mi lado. (VII)