Elegía a un yo muerto.

Publicado en “El Secreto de LeFleu“ el 15.5.11.

Y por fin has dado el último paso, ahora estas en una caja de contrachapado a punto de ser incinerado. Te has convertido en un cigarrillo más, ahora serás tú el que acabe siendo ceniza. No sé qué decirte, somos la misma persona, más o menos, las lagrimas se me desbordan de los ojos por verme a mí mismo muerto, frío, maquillado para parecer real. Continúa leyendo Elegía a un yo muerto.

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Un martes amarillo tintado con cerveza.

Despertarme en la cama contigo, abrazada a mi vestida con la misma ropa de ayer. Despertarme y ver que duermes con una sonrisa a mi lado, que eres feliz justo donde estas, soy feliz justo donde estoy. Tararear tus canciones por simple felicidad, sentirme entero, sentirme completo junto a ti. Continúa leyendo Un martes amarillo tintado con cerveza.

Títulos obsoletos en una gramola sin vinilos.

Sentados en un banco de piedra a las afueras de la ciudad, viendo pasar luces rojas y blancas en la carretera, pensando en un futuro que ya pasó y quemando un poco más nuestras vidas. Conversaciones encendidas no permitidas por la alta sociedad, hablar por hablar y dejar de sentir dolor por todo lo malo que nos pasó. Continúa leyendo Títulos obsoletos en una gramola sin vinilos.

Pasajes cortos del subterráneo I.

Vagando con el rumbo escrito en un cartel por los túneles rechinantes por donde pasan los trenes ya cansado de tanto camino, mirando a una oscuridad que viene y va, que se acaba en cada estación y vuelve en el camino a la siguiente. Así se pasan los minutos, en un vagón vacío a infinitas paradas del destino fijado, así se agotan las gotas que caen en el vaso que nos acerca al final, sin poder hacer más que contemplar ventanas teñidas de azabache y de alguna otra manera poética de llamar al negro.
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Las cosas han cambiado.

Hablemos de como nos cambió el paso del reloj, tranquilos, en la terraza de una cafetería extraña. Intento decirte lo que hace años debí decirte, lo que nuestras miradas se decían con cada roce pero de nuestras bocas no salía y sigue sin salir. Solos, hablando de como me eché a perder, de como esa droga me dejó en la estacada, de que ya no soy yo. Continúa leyendo Las cosas han cambiado.

Te quiero a mi lado. (VII)

Encadenado para no poder huir, asfixiado por el hierro candente que recubre su garganta, los ojos morados de no parar de llorar, pálido como el más gris de los blancos. Prisionero de nuevo en esa sala, más prisionero que nunca, arrodillado por querer huir. Las cadenas son decenas de brazos muertos que agarran el cepo, brazos que llevárselo a lo más profundo quieren, que se pelean por agarrar un pellizco de la madera. Continúa leyendo Te quiero a mi lado. (VII)

Sus besos, su odio. (VI)

Cerró los ojos antes de tocar el techo y al abrirlos estaba en un mar inmenso. Él estaba justo en el centro de aquel mar. Se ahogaba, se le escapaban las últimas burbujas de oxígeno de su cuerpo, se apagaba en cada instante. Aceptaba su final una vez más, acabar con esto era su único pensamiento. El fin, el fin, el fin, el fin, el fin, el fin, … Continúa leyendo Sus besos, su odio. (VI)