La deidad que nunca supo escuchar. (IV)

Se despertó de nuevo, fuera de su bosque imaginario, fuera de la tranquilidad encontrada por su mente. Se despertó de nuevo en esa vieja sala, aún más deteriorada de lo que la recordaba. Le despertó el agua que entraba a la sala por alguna parte, agua que hacía resonar aún más las gotas que caían. Se levantó libre, sin ataduras, sin memorias amargas, se encontraba listo para salir de esta estúpida sala, de este estúpido sueño. Continúa leyendo La deidad que nunca supo escuchar. (IV)

Anuncios

Tú, yo y mil árboles. (III)

Do, do, mi, sol, sol, a piano sin piano. Abrir los ojos en un mar de dudas, sentir la suave brisa del verano acariciar tu rostro. Do, do, mi, sol, sol, a guitarra sin guitarra. Abrir los ojos bajo un árbol y sentirse en paz. Do, do, mi, sol, sol, a violín sin violín. Cerrar los ojos y olvidarse de todo. Continúa leyendo Tú, yo y mil árboles. (III)

Viejo amigo. (II)

La oscuridad se apoderaba de la sala, nada se podía ver. Sin poder moverse de nuevo pensaba, pensaba en el terror y en los monstruos que se esconden debajo de las camas. Temblaba de imaginar en qué podía haber en la oscuridad, no olvidaba a la muchacha ¿Por qué se fue? ¿Qué hizo? Continúa leyendo Viejo amigo. (II)

La dama de blanco. (I)

Se levantó en una sala sin salidas, una sala que parecía llevar siglos bajo el mar, mohosa, carcomida, destrozada. Se levantó sin mirar nada, sin ni siquiera preguntarse la razón. Se miró las manos, pálidas, esqueléticas. De píe sin la posibilidad de dar un paso, sin la posibilidad de entonar una palabra, reflexionó qué reflexionar ¿Era el fin? ¿Todo se había acabado para él?

¿Por qué? Continúa leyendo La dama de blanco. (I)

Borrachos, odiados y enamorados.

Publicado en “El Secreto de LeFleu“ el 11.5.11.

No creo que los duros gritos que nos lanzamos de noche espanten a los murciélagos sordos de mi azotea. No creo que el humo de nuestro cigarrillo cree nubes de tormenta, pero por si acaso lame tu cigarrillo y entonces bésame, bésame cuando tus ojos no me conozca, cuando tu mente no quiera besarme. Continúa leyendo Borrachos, odiados y enamorados.